El mercado de la calle Athinas… ¡mejor que la Acrópolis! (Aunque de otro estilo)

Aterrizamos en Atenas el día 7 de agosto, justo mientras, o poco después de que temblara la tierra… no supimos cómo interpretar esa señal.  Un bus nos llevó del aeropuerto de Venizelos a la plaza Sintagma, donde hacen el cambio de guardia los soldados con pompones en los zapatos y donde llueven las hostias de la policía. De allí fuimos caminando por la calle Stadiou hacia la plaza Omonia, en la que estaba nuestro hotel. Eran las 5 de la tarde y todas las tiendas estaban cerradas, las persianas echadas y pintarrajeadas. Cuando llegamos al Hotel le pregunté al recepcionista si era fiesta. “¿Por qué?” Me dijo Hari en perfecto inglés “parakaló”. “Porque está todo cerrado”, respondí, con su mismo inglés. “No, es la crisis económica”, dijo, “glups” pensé yo.

Dejamos los bártulos y bajamos hacia Monastiraki (barrio de La Plaka del que algún día os hablaré), pero lo hicimos por otra calle, Athina.  Allí se veía más ambiente, más tiendas abiertas y sobre todo me fijé en un mercado que, aunque estaba cerrado, porque ya era tarde, pedía a gritos una visita.

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Así lo hicimos. A la mañana siguiente, de camino a la Acrópolis, paramos en el mercado de la calle Athinas. La fachada que da a la calle, de hierro forjado y modernista  me recordó al Mercado Central de Zaragoza. Las cuatro galerías paralelas están abiertas a la calle y conectadas entre sí. Entramos sin dudarlo. La primera visión fue la de todas las “mobiletes” de los vendedores aparcadas, más bien apiladas, en el primer tramo de galería, y la de decenas de carniceros, con sus batas y gorros blancos fumando como carreteros en sus puestos.

Ahora es un mercado sólo de carne y pescado, pero hay cientos de puestos. Las dos galerías de la carne son las más divertidas. Conforme avanzábamos, salían los carniceros de sus puestos braceando y gritando ¡parakaló! ¡parakaló! Y otras cosas que imaginamos que serían ofertas porque salían a nuestro encuentro con una pieza de cordero, unos hígados, un pollo, vísceras… los mostradores son pequeños y con cristales para que se vea el género, pero no les hace falta más porque todo el negocio y los troncos para cortar están en el pasillo. Gritaban, hablaban entre ellos, nos invitaban a ver sus viandas, fumaban y cortaban frenéticamente con las hachas grandes piezas de carne (no tengo foto de un chaval que descuartizó una canal en segundos porque no me atreví a hacérsela, intimidaba un poco).

Recorrimos las dos galerías de la carne, por cierto, fresquísima y barata y llegamos a las del pescado. Parecía otro mercado. De momento, las pescaderas son mujeres y no se exaltaron tanto al ver a las dos guiris curioseando. Sus mostradores son más grandes, sin cristales y con grandes camas de hielo picado en las que brillan las doradas, los boquerones, el bonito, los pulpos, el marisco… todo fresquísimo y a precios bastante más económicos que en España. Un kilo de boquerón, un euro.

Las entradas de las cuatro galerías del mercado están flanqueadas por otros puestos donde venden especias y  frutos secos a granel, frutas deshidratadas, embutidos, queso feta, olivas negras, pimientos y tomates secos colgados en ristras y esponjas… muchas esponjas del Egeo, del Adriático o del Jónico.

En resumen, si vais a Atenas, no dejéis de visitar el mercado de la calle Athinas, el que antaño fue el gran mercado cubierto generalista de Atenas, hoy especializado en carnes y pescados. Abre bien temprano y cierra a primera hora de la tarde. ¡Efgaristó!

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One comment

  1. Adriana · · Reply

    Me encanta!!!

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