¡Oh, calabaza! Tú que iluminas la noche de difuntos

Calabaza violín (infoagro)

Calabaza violín (infoagro)

Hoy toca hablar de calabazas. Una de las hortalizas más antiguas del mundo. Conocida en oriente  y occidente desde hace miles de años, se empezó a cultivar para aprovechar sus pepitas antes que para comer su pulpa.

Se ha utilizado como recipiente, flotador, cabeza de espantapájaros, linterna de la noche de Halloween y calavera en las noches de ánimas ibéricas. Se convirtió en la carroza de La Cenicienta, en instrumentos musicales como la kora e incluso en la mascota del Un, dos, tres. Y además, se come.

Sin embargo, pocas hortalizas han pasado tan desapercibidas en la gastronomía española y han sido tan vapuleadas por nuestra lengua: a nadie le gusta “que le den calabazas” o que le digan que es más soso que las mismas. No es justo.

Pero anoche fue la noche de Los Santos Difuntos que la tele convirtió en Halloween y toca hablar de los mitos y leyendas en torno a la calabaza.

Lo primero que viene a la cabeza cuando se habla de calabazas y leyendas es la linterna de Halloween o la Jack-o-lantern que decora las ventanas de las casas prefabricadas de barrios residenciales de EE.UU. y ahora también las de mi pequeño pueblo aragonés. Se han adoptado costumbres yanquis sin saber que también eran las de aquí al lado.

Las calaveras de calabaza son imprescindibles en las noches de ánimas de Radiquero, Adahuesca y otras poblaciones del Somontano de Barbastro, así como en el Sobrarbe (Huesca). También desfilan por las calles de algunos pueblos moncaínos aragoneses y sorianos, sin que nada haya tenido que ver ni Hollywood, ni la tele, ni el tío Sam.

La leyenda de Jack , de origen irlandés, habla de un viejo tacaño y bebedor que se encontró con el diablo en una taberna la noche de las brujas. Jack, borracho pero listo, se las ingenió para que el diablo no se llevara su alma y le hizo prometer que no volvería hasta que pasaran diez años. Volvió al cabo de una década y Jack le volvió a engañar, haciéndole prometer que jamás tomaría su alma. A los años, el pendenciero bebedor murió. Pero ni en el cielo –por buena pieza- ni en el infierno –donde no podían robarle el alma- lo querían. Sin rumbo, Jack salió del averno por un camino frío y oscuro y el diablo, para que luego digan, le tiró un carbón ardiendo para que se iluminara. Jack lo metió en un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento, y vagó durante toda la eternidad con su preciada linterna. Al llegar a EE.UU, los irlandeses sustituyeron el nabo por la calabaza, ya que ahí había abundancia y además hacía mejor las veces de farol que el viejo nabo.

Pero su origen más antiguo se remonta a los celtas, quienes llevaban estas linternas para protegerse de los malos espíritus. Sin embargo, para Ángel Gari, etnólogo oscense especializado en la religiosidad popular, el origen de la calabaza en la noche de ánimas es mucho más amplio y no debe limitarse a la influencia celta. La calabaza es un símbolo de fertilidad en oriente y occidente y en nuestro folklore han influido tanto celtas como íberos, musulmanes, cristianos y judíos. Para Gari, no es casualidad que los peregrinos que hacen el Camino de Santiago -que es el que recorren los difuntos según la tradición- lleven una calabaza colgando.

Crema de calabaza con azafrán de Monreal del Campo

Crema de calabaza con azafrán de Monreal del Campo

 

Mi receta de calabaza: Crema de calabaza violín con azafrán de Monreal del Campo

Ingredientes

1 calabaza violín del huerto de mi amiga Carmen o de María

Media cebolla de Fuentes

Vino blanco del Somontano de Barbastro

Caldo de pollo

Nata líquida

Sal

Pimienta negra

Tostones de pan frito

Piñones

Azafrán de Monreal del Campo

Pelamos la calabaza, quitamos las pepitas y la troceamos. Este es el paso más laborioso. Picamos la cebolla. Lo rehogamos todo con un poco de aceite de oliva. Salpimentamos. Cuando la cebolla está transparente, añadimos un chorrito de vino blanco (Chardonnay, Macabeo o Gewurztraminer, según el aroma que queramos aportar). Cuando el alcohol se ha volatilizado añadimos la cantidad suficiente de caldo de pollo (a ser posible casero) para cubrir sobradamente las hortalizas. Una vez cocidas, añadimos un poco de nata para cocinar y removemos la mezcla. La dejamos que hierva un par de minutos para que se amalgamen los sabores y la batimos. Cuando aún está caliente la mezcla, añadimos unas hebras de azafrán para que desprendan su aroma y su color.

Se sirve en un cuenco con unos piñones tostados y unos tostones de pan frito que incorporamos a la hora de comer.

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2 comments

  1. Doy fe que está que te pasas… que la he probado en Teruel un día que me invitaste a comer, ¿te acuerdas? Me lo apunto, que este año las calabazas se han portado

    1. ¡¡¡Y tus calabazas qué buenas están!!!

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