Yo y mis bacterias

“Unos 20 minutos después de una comida, los microbios intestinales producen proteínas que pueden suprimir la ingesta de alimentos en los animales”, según un estudio publicado este martes en ‘Cell Metabolism’, del que informa Europa Press. Nuestros microbios deciden así cuándo debemos dejar de comer o cuándo continuar haciéndolo.

Ese es uno de los “poderes” de los microbios que habitan nuestro intestino, pero tienen muchos más. Intuí el poder de los microbios cuando vi el capítulo de Futurama en el que Fry, colonizado por unos parásitos, comenzaba a comportarse de otra manera, empezó a tocar el olófono con gran talento y hasta logró enamorar a Leela. Los parásitos lo convirtieron en mejor persona. Esto me confirmó dos cosas: que Futurama tiene una sólida base científica y que lo que pasa en nuestras tripas tiene más importancia de lo que pensamos.

Fry y sus parásitos

Fry y sus parásitos

Yo que me creía tan humana y resulta que soy un planeta habitado por miles de especies, un ecosistema único que anda por el mundo intercambiando microorganismos con todo lo que me rodea: mi perro, mis gatos, mis amigos, mi familia y, por supuesto, también mi  comida.

Soy 100 billones de bacterias de miles de especies y 10 billones de células humanas. Tengo más genoma bacteriano que humano y todos mis microorganismos juntos pesan como mi cerebro. Pero lo más gordo es que esa gente que habita en el planeta Cristina también da órdenes a mi cerebro y modifica mi comportamiento, así  que no me culpéis por haber estado tanto tiempo sin escribir en el blog, culpad a mis bacterias, las  muy perezosas…

Mis bacterias y yo hemos decidido escribir sobre el maravilloso tema del microbioma porque últimamente he leído mucho sobre el tema, he escrito un especial de gastronomía saludable para Heraldo de Aragón y he asistido al foro de Gastronomía y Salud que organizaba el periódico y en el que participaron importantes doctores y científicos que investigan nuestras tripas.

COCINA SIMBIÓTICA

Cocina simbiótica, de Miguel Ángel Almodóvar

Pero además, hoy he recibido el precioso libro de Cocina simbiótica que firma el sociólogo y gran divulgador, Miguel Ángel Almodóvar, y edita Oberon. Después de todo lo que he aprendido sobre el microbioma, antes conocido como flora intestinal, esté libro me vendrá muy bien, porque lo que tengo claro es que, si es importante dejar contentos a mis invitados cuando hago una buena cena, más importante todavía es que mis huéspedes intestinales queden satisfechos. 

La cocina simbiótica está pensada para satisfacer a huéspedes y anfitrión, a través de una dieta variada, rica en alimentos probióticos (con microorganismos vivos beneficiosos que se suman a nuestro microbioma) y prebióticos, que vienen a ser como una especie de “sustrato” para esos pequeños habitantes de nuestro intestino. Aconseja que los alimentos sean de proximidad, naturales y libres de aditivos. Tras ojear el libro y sus recetas, pienso que mis microorganismos deben de estar contentos con nuestra dieta mediterránea, rica en frutas y verduras del huerto, abundante en fermentados naturales y escasísima en procesados.

Y más vale que estén contentas, porque nuestras bacterias intestinales no sólo influyen en la digestión y en el sistema inmunitario, que también, sino que además afectan a la química del cerebro y a nuestra conducta. Así lo demostró, en 2011,un equipo de investigación de la Universidad MacMaster de Canadá, asociando el desequilibrio del microbioma con trastornos como la depresión, la ansiedad e incluso el autismo. Me sorprendió el documental del canal arte “El vientre: el segundo cerebro” en el que nos descubren cómo las bacterias intestinales pueden hacer que un ratón sea más tranquilo o más temerario, más o menos obeso, más feliz o menos…

el vientre nuestro segundo cerebro

James Greenblatt en el documental El vientre: nuestro segundo cerebro

Pero aún hay más: el psiquiatra James Greenblatt afirma que: “los intestinos son en realidad el segundo cerebro ya que existen más neuronas en el tracto digestivo que en cualquier otro lugar además de en el cerebro”. 200.000 neuronas, tantas como las que tiene mi perro, se ubican en nuestro intestino, que, bien mirado, se parece bastante al cerebro… tanto como un hermano mayor. Y así  se comporta, ya que muchas veces es el cerebro del vientre el que da órdenes al de arriba, a través de un fluyo contante y bidireccional de información que fluye a través del nervio vago y del torrente sanguíneo. Así que dedemos volver a escuchar a nuestras tripas, alimentarlas bien y cuidar su biodiversidad y a lo mejor así, algún día, logremos tocar el olófono,

 

Continuará…

 

 

 

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